


Delegado Diocesano de Catequesis: Padre
Luis Orlando Zalazar
Párroco de la Parroquia Inmaculada Concepción. Nuñez
s/n
LINEAMIENTOS Y ORIENTACIONES PARA LA RENOVACION DE LA CATEQUESIS DE
INICIACION CRISTIANA.
Caminando hacia el Directorio Catequístico Argentino
Conferencia Episcopal Argentina
SIGLAS
AG Ad Gentes (Concilio Vaticano IIº).
CEC Catecismo de la Iglesia Católica.
CIC Código de Derecho Canónico.
CT Catechesi Tradendae (Juan Pablo IIº).
ChL Christifideles Laici (Juan Pablo IIº).
DA Documento de Aparecida (CELAM, Vª Conferencia).
DGC Directorio General Catequístico (Sgrda. Congr. para el Clero. 1997).
DP Documento de Puebla (CELAM, IIIª Conferencia).
DV Dei Verbum (Concilio Vaticano IIº).
EN Evangelii Nuntiandi (Pablo VIº).
EA Ecclesia in America (Juan Pablo IIº).
JEP Juntos para una Evangelización Permanente (CEA).
LG Lumen Gentium (Concilio Vaticano IIº).
NMA Navega Mar Adentro (CEA).
NMI Novo Millennio Ineunte (Juan Pablo IIº).
PG Pastores Gregis (Sgrda. Congr. para los Obispos).
PO Presbiterorum Ordinis (Concilio Vaticano IIº).
RAE Diccionario de la Real Academia Española.
RB Ritual del Bautismo.
RICA Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos.
SC Sacrosanctum Concilium (Concilio Vaticano IIº).
SCa Sacramentum Caritatis (Benedicto XVI).
SD Documento de Santo Domingo (CELAM, IVº Conferencia)
INTRODUCCIÓN
1- Estamos en un cambio de época, con profundas transformaciones, culturales, sociales, familiares, etc. La vida cristiana y eclesial –y por ende, nuestra propuesta pastoral-, necesita un urgente reajuste a esta realidad nueva, y a este análisis no escapa la catequesis, tarea primordial en la actividad de la Iglesia[1]. Debemos mirar con mucho realismo y sinceridad nuestra situación. “Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical, ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial (...) este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable”[2]. El gran desafío hoy es la iniciación cristiana, es ver “cómo estamos educando en la fe y cómo estamos alimentando la vivencia cristiana”[3], en esta sociedad y cultura en la que vivimos, más aún teniendo en cuenta la descripción planteada en el documento de Aparecida ya que “...en muchas partes, la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada”[4].
2- Ante estos desafíos, la realidad catequística en nuestro país nos cuestiona, de allí la firme convicción de los Obispos argentinos acerca de la necesidad de una profunda renovación y optimización de nuestra catequesis de iniciación cristiana. Es así que queremos presentar en este documento lineamientos y orientaciones para esta renovación. Lineamientos que ayuden a pensar la renovación de la catequesis de iniciación y orientaciones, es decir, algunas sugerencias prácticas para ayudar a la implementación de esta renovación que proponemos. Se han intercalado cuestionarios para facilitar el trabajo, estudio y discusión en las Juntas de Catequesis y Equipos de catequistas.
3- Este documento tiene como destinatarios a todos los responsables de la tarea catequística en sus distintos niveles: nacional, diocesano, parroquial. Deseamos que el mismo sea una ayuda para todos los responsables de la catequesis: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y religiosos, y catequistas, en especial aquellos que tienen la responsabilidad de coordinar la actividad catequística o la formación de los catequistas. Asimismo esperamos que oriente la tarea de los autores de textos, guías catequísticas y demás recursos de los que se sirve la catequesis; para que así, entre todos logremos desarrollar una catequesis más fiel a su naturaleza y comprometida en la construcción de la Iglesia, comunión de discípulos misioneros.
4- El subtítulo “Caminando hacia el Directorio Catequístico Argentino” tiene su sentido: hace ya tiempo que es necesario reelaborar nuestro Directorio, actualizándolo con las nuevas normativas del Directorio General Catequístico editado por la Congregación para el Clero el 15 de agosto de 1997, y la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Este documento quiere ayudar a la reflexión y allanar el camino para nuestro Directorio. Quiera Dios que sea un itinerario que todos recorramos con espíritu de comunión, animados por la urgencia de la nueva evangelización como discípulos misioneros, conscientes de la importancia primordial que tiene la catequesis en el proceso evangelizador y en la renovación de nuestras comunidades.
I- Consideraciones preliminares.
1- Una Iglesia Comunión
5- La iniciación cristiana, como acción evangelizadora de la
Iglesia, debe ubicarse en un proyecto pastoral y en un marco eclesial determinado.
Particularmente la catequesis, como ministerio que acompaña al hombre
creyente en su incorporación al misterio de Cristo y de la Iglesia,
responde a una convicción eclesiológica y por lo mismo no puede
quedar aislada del contexto pastoral y comunitario, dado que es un momento
primordial de la tarea evangelizadora[5].
Hemos de entender, pues, la catequesis como una acción pastoral que
expresa el misterio de la Iglesia, misterio de comunión evangelizadora;
y por lo mismo llamada a vincularse orgánicamente con el resto de las
acciones pastorales en cada Iglesia particular.
Una eclesiología que refleja la comunión trinitaria.
6- “La Iglesia es comunión vital”[6]. La eclesiología de comunión, medular en el Concilio Vaticano IIº, fue propuesta como camino pastoral para el tercer milenio por el venerable Pontífice Juan Pablo IIº[7]. Hemos pues de poner un decidido empeño programático pastoral basado en la convicción de que la Iglesia sea casa y escuela de comunión (koinonía), idea que encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia.
Una Iglesia comunión con una pastoral orgánica.
7- El proyecto pastoral es el marco necesario e infaltable para la catequesis[8];
sin él la catequesis puede convertirse en un esfuerzo vano[9], o al
menos desorientado.
Un proyecto pastoral que busque formar comunidades vivas, que contemple y
vincule todos los momentos del proceso evangelizador -en el cual aquel que
ha recibido el anuncio de la Buena Noticia, sea catequizado y habiendo celebrado
su iniciación cristiana pueda vivir y compartir la fe- así se
ofrecerá a nuestra catequesis un valioso soporte, un horizonte hacia
el cual caminar, alternativas de integración, ámbitos y comunidades
de perseverancia en la comunidad eclesial.
8- Notamos con preocupación que un conflicto no siempre superado ha
sido el desarrollar los procesos catequísticos aislados del contexto
pastoral de la comunidad; sumado a esto percibimos ciertas concepciones y
concreciones individualistas (aislamiento de los catequistas o ausencia de
la comunidad) e iniciativas marcadamente sacramentalistas (cursos breves de
Doctrina Cristiana orientados a la recepción de algún sacramento);
nos duele el escaso número de hermanos que se integran activamente
a la vida de la comunidad eclesial.
Consideramos, pues, urgente, la renovación: una pastoral orgánica
convenientemente planificada, en la cual la catequesis, y en especial la catequesis
de iniciación cristiana en estilo catecumenal, sea incorporada orgánicamente
en el proyecto pastoral, tanto diocesano como parroquial[10].
Necesidad de poner el esfuerzo en la eclesiología de comunión
y la pastoral orgánica.
9- El primer paso en este esfuerzo por planificar una pastoral orgánica
y asumir la renovación de la catequesis deberá estar impulsado
por una sincera conversión pastoral, tal como lo piden los documentos
de Aparecida y Navega Mar Adentro[11].
Si bien es un paso que cada miembro de la comunidad eclesial debe dar de por
sí, a partir de su conversión personal, sin embargo es necesario
que la comunidad toda participe de este proceso. Es de esperar que, tanto
los formadores de catequistas, así como los mismos catequistas -en
especial aquellos que acompañan a adultos y a familias-, sean promotores
fervorosos, convencidos y convincentes de esta renovación.
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CUESTIONARIO PARA FACILITAR EL DIALOGO GRUPAL.
1- ¿Qué palabras, imágenes, sentimientos nos aparecen
cuando oímos hablar de “eclesiología de comunión”?
2- ¿Qué contrastes se destacan al confrontar nuestra actual
tarea catequística con ese ideal de la “eclesiología de
comunión”?
3- Nuestro servicio catequístico en la iniciación cristiana
¿se ve cuestionado por aquel ideal?
4- ¿Qué pasos podríamos dar para avanzar desde nuestra
conversión personal hacia la conversión pastoral de nuestra
comunidad?
5- ¿Qué elementos no deberían faltar, según nuestra
percepción, en un proyecto pastoral orgánico en el que tenga
lugar la catequesis, particularmente la de iniciación cristiana?
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2. Una Iglesia comunión con un proyecto evangelizador.
Una Iglesia misionera.
10- “La Iglesia peregrinante es misionera por naturaleza, porque toma
su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según
el designio del Padre. Por eso, el impulso misionero es fruto necesario de
la vida que la Trinidad comunica a sus discípulos”[12].
“En ella (la Iglesia), la vida íntima (…) no tiene pleno
sentido más que cuando se convierte en testimonio, provoca admiración,
se hace predicación y anuncio de la Buena Nueva”[13]. Consideramos
la evangelización como el anuncio de la Buena Noticia de Jesús[14].
El proyecto evangelizador, misionero, es hoy una opción infaltable
en nuestras Iglesias diocesanas y comunidades diversas: “Esta firme
decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales
y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades
religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia”[15].
11- La acción misionera es necesaria e imprescindible al hablar de
catequesis de iniciación, en especial cuando hablamos de catequesis
con adultos; esto implica cambios muy profundos en mentalidad y en praxis
pastoral, dado que supone una Iglesia en estado de misión permanente.
Una Iglesia que sale a anunciar a Jesucristo, debe acoger a los evangelizados
para acompañarlos en el proceso de maduración de su fe, o de
su renovación, en el caso de quienes se hayan alejado de la vida de
la comunidad eclesial. Estamos ante un verdadero desafío que exige
de todos nosotros una verdadera “conversión pastoral” para
responder adecuadamente en la tarea evangelizadora[16].
Atentos a esta urgida e insistente exhortación a la conversión
pastoral y catequística nos proponemos en los capítulos siguientes
“ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que,
además de marcar el qué, dé también elementos
para el quién, el cómo y el dónde se realiza”[17].
Este párrafo de Aparecida es el articulador del presente documento,
a partir del cap.II.
El proceso evangelizador.
12- La acción evangelizadora debemos entenderla como un proceso que tiene elementos y momentos esenciales y diferentes entre sí, que es preciso saber abarcar conjuntamente, en la unidad de un único movimiento”[18]: son el primer momento, misionero-kerygmático; el segundo, catequístico-catecumenal; el tercero, comunitario-pastoral. El primer momento es el misionero, kerygmático, en el cual se busca transmitir la fe, suscitar una primera conversión. Momento indispensable hoy en día, cuando vemos que la natural transmisión de la fe en la familia -o a través de otras realidades como es la religiosidad popular- es cada vez menor, en especial en las grandes conglomeraciones urbanas. Hoy la transmisión de la fe es una tarea indispensable: a todo hombre y mujer se debe anunciar “el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”[19]; mientras no se anuncie esto no hay verdadera evangelización.
13- El segundo momento es el catequístico: profundización y
estructuración del momento misionero, acompañamiento maternal
de la Iglesia a aquellos en quienes el Espíritu Santo ha suscitado
la fe, la primera adhesión a Jesucristo; es fundamentación,
maduración de esta fe inicial; es crecimiento en la vida de fe, capacitándolos
a realizar en forma consciente, libre y responsable su profesión de
fe, como aceptación de las verdades reveladas y adhesión plena
a nuestro Señor Jesucristo, camino, verdad y vida[20].
Este momento lo identificamos con la iniciación cristiana; en ella
se integran la propuesta de Dios y la respuesta del hombre en la comunidad
eclesial. El paradigma fundamental de la iniciación cristiana es el
catecumenado bautismal de los primeros siglos de la Iglesia, con las adaptaciones
necesarias a la cultura y ambientes actuales, siguiendo las indicaciones del
Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos. “Dado que la
‘misión ad gentes’ es el paradigma de toda la acción
misionera de la Iglesia, el catecumenado bautismal a ella inherente es el
modelo inspirador de su acción catequizadora[21].
14- En el proceso evangelizador señalamos el tercer momento, que determina uno de los objetivos de la evangelización: el pastoral-comunitario; implica la integración en la comunidad, una vida eucarística, el discipulado (ICP), compromiso misionero y de caridad, compromiso que se asumirá tanto hacia dentro de la comunidad cristiana como hacia la sociedad toda, en la cual se debe instaurar el reinado de Cristo. Es la etapa de la profundización de la fe y el momento de involucrarse en la construcción de la sociedad, por lo cual la Doctrina Social de la Iglesia tiene un lugar importante en los contenidos catequísticos.
15- En el proceso evangelizador, la catequesis de iniciación tiene su lugar primordial e indispensable. Es el tema que nos ocupa y hacia el cual dirigimos nuestra atención en este documento. “La iniciación cristiana, que incluye el kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado. Nos da también, la oportunidad de fortalecer la unidad de los tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La iniciación cristiana, propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en forma de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado postbautismal para los bautizados no suficientemente catequizados. Este catecumenado está íntimamente unido a los sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía. Habría que distinguirla, por tanto, de otros procesos catequéticos y formativos que pueden tener la iniciación cristiana como base”[22].
16- Estamos ante la necesidad de un cambio de paradigma en la iniciación cristiana; en este estilo catecumenal, se deberá destacar la acción gratuita de Dios, la acción comunitaria de toda la Iglesia, la plena riqueza y eficacia de la Palabra de Dios, el sentido kerigmático-evangelizador de la catequesis, la celebración de los sacramentos, y a la vez, valorar la respuesta libre del hombre -su profesión de fe-, el cual asistido por la gracia de Dios, se convertirá en verdadero discípulo misionero, asumiendo su compromiso con la Iglesia con el mundo.
17- A la hora de diseñar el momento catequístico del proyecto
evangelizador será conveniente atender a los rasgos que caracterizan
una catequesis renovada :
- La transmisión de la fe[23]. El proceso evangelizador comienza precisamente
con el anuncio del kerygma, para suscitar un primer acto de fe y de adhesión
a Jesucristo. Toda la catequesis debe ser transversalmente kerygmática,
esto es, anunciar la Buena Nueva de Jesús, poner en contacto e intimidad
con Él. La catequesis es un momento en el cual Dios actúa con
el don gratuito de la fe.
- La propuesta de la fe[24]. Se propone la fe, se espera la respuesta libre,
consciente y coherente del hombre: su profesión de fe. La enseñanza
de la fe es tarea esencial de la catequesis.
- La centralidad de la Palabra[25]. La Palabra de Dios es la fuente principal
de la catequesis. En las Sagradas Escrituras, la Tradición, el Magisterio
de la Iglesia, en la vida misma de la Iglesia.
- Catequesis de iniciación[26]. La catequesis debe iniciar al sujeto
en toda su vida cristiana en forma integral: conocimiento de la fe, celebración
de la fe, moral cristiana, espiritualidad. Debe iniciar en el conocimiento
de las Sagradas Escrituras, iniciando en la lectura orante (lectio divina),
en la vida litúrgica y en la vida comunitaria.
- Unidad entre catequesis y liturgia[27]. Ambas realidades están íntimamente
unidas. Enseñanza y celebración de la fe no pueden separarse.
La fe se conoce, se celebra, se vive. Debemos recobrar la riqueza que tiene
nuestra liturgia recuperando la mistagogia como catequesis que profundiza
el misterio celebrado.
- Itinerario gradual y por etapas[28]. La catequesis en estilo catecumenal
es un proceso de maduración en la vida de fe. Es fundamental recorrer
paso a paso sus etapas, verificando la autenticidad del proceso de crecimiento
y madurez.
- Unidad de la iniciación cristiana[29]. La catequesis y los sacramentos
van introduciendo e incorporando al hombre al misterio de Cristo y de la Iglesia;
lo que dijimos sobre la unidad entre catequesis y liturgia se manifiesta plenamente
en todo el proceso de iniciación, que es por esto mismo orgánico.
De ahí la importancia del orden de los sacramentos, que cobran su significado
pleno precisamente cuando forman parte de un proceso significativamente ordenado[30].
- Catequesis como acción comunitaria, eclesial[31]. El sujeto de la
acción pastoral catequística es la Iglesia, que como Madre y
Maestra engendra y educa en la fe al hijo de Dios nacido en el Bautismo. Toda
la comunidad debe verse involucrada en la iniciación cristiana de sus
fieles.
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CUESTIONARIO PARA FACILITAR EL DIALOGO GRUPAL.
1- Atentos al planteo de este apartado ¿Reconocemos en nuestra tarea
evangelizadora las “etapas” mencionadas del proceso evangelizador?
¿Cuál es la relación y dependencia entre ellas?
2- ¿Tenemos en cuenta, al programar nuestra catequesis, la necesidad
de atender al proceso evangelizador en su conjunto?
3- Confrontemos lo leído con nuestra experiencia: ¿Cómo
desarrollamos el aspecto kerygmático de la catequesis? ¿Podemos
dar supuesta la experiencia de fe en Cristo de nuestros catecúmenos-catequizandos?
4- A la luz de los rasgos característicos de una catequesis de iniciación
renovada: ¿Cuáles deberíamos cultivar o profundizar más
urgentemente?
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II. La iniciación cristiana, un acontecimiento salvífico.
(El QUÉ de la catequesis).
1- La catequesis de iniciación en el marco de la Revelación.
18- La iniciación cristiana es ante todo una obra de Dios; actualiza
su amor:“habla a los hombres como amigos”[32]. Sale a su encuentro
con signos y palabras que se explicitan mutuamente, en especial en el misterio
de la Encarnación. A lo largo de la Historia de la Salvación,
se manifiesta una pedagogía divina en el proceso de la Revelación
de Dios a los hombres. Él actúa sobre el hombre haciendo posible
que reciba y goce la vida nueva en Cristo. La iniciación cristiana,
fiel a esta pedagogía de Dios, con la Palabra y con los signos sacramentales,
es la oportunidad para el hombre que ha sido tocado por la Gracia, de vivir
la primera participación sacramental en la muerte y resurrección
de Cristo, y por lo mismo la experiencia gozosa de la transfiguración
mediante la inserción real en Cristo, por la fuerza de su Misterio
Pascual, para la comunión con el Padre en el Espíritu Santo.
Por lo tanto, es también iniciación al misterio de comunión
en la Iglesia y a la participación en su misión.
2- Qué entendemos por iniciación cristiana.
19- La originalidad de la iniciación cristiana es la acción
e iniciativa de Dios, mediante la ministerialidad de la Iglesia, que transforma
interiormente el corazón de quien responde haciéndolo partícipe
en el misterio pascual de Cristo, identificándolo progresivamente con
Él e integrándolo en la comunión con su Cuerpo que es
la Iglesia. La gracia de Dios es la que atrae y gratuitamente otorga el don
de la fe y de la salvación[33], en una comunidad cristiana, la cual
es a la vez fuente, lugar y meta de este servicio[34]. En otras palabras,
la iniciación cristiana “es la manera práctica de poner
en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado”[35]. La iniciación
cristiana, propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación
en los misterios de fe -sea en forma de catecumenado bautismal para los no
bautizados, sea en la forma de catecumenado postbautismal para los bautizados
no suficientemente catequizados o evangelizados-[36] y es toda ella como un
gran sacramento, y si bien cada uno de los sacramentos que en ella se celebran
son distintos entre sí, sin embargo, todos ellos conforman una gran
acción simbólica; más aún, el mismo catecumenado
es parte de este gran sacramento, no instrucción preliminar, sino parte
constitutiva del sacramento mismo[37]. Dios sale al encuentro del hombre con
su Palabra y el don de la Gracia por los sacramentos de la iniciación;
el hombre, movido por el Espíritu Santo, responde con su profesión
de fe -adhesión plena, inteligencia y voluntad a Jesucristo-[38].
20- Esto implica un proceso de crecimiento y maduración de la fe inicial
y del compromiso de vida. El conjunto de acciones que celebra la Iglesia a
lo largo de este gran sacramento no es una acumulación de ritos aislados,
o autónomos, sino una sinfonía, una pluralidad de acciones que
forman un símbolo conjunto[39]. Por eso decimos que la iniciación
cristiana es como “un gran sacramento”. La separación o
aislamiento de los elementos del proceso catequístico (sacramentos
considerados cada uno como finalidad de la catequesis, la catequesis como
mera exposición doctrinal, etc.) ha tenido funestas consecuencias;
ha desembocado en la ritualización del sacramento y en el mero adoctrinamiento
perdiendo por tanto el sentido de aquella unidad que constituye uno de los
datos esenciales de lo cristiano[40].
3- La iniciación cristiana y el catecumenado.
21- El catecumenado es un tiempo prolongado de formación en el que,
quienes libremente participan, van transitando un itinerario litúrgico-catequístico,
realizado en el ámbito de una comunidad cristiana, camino gradual y
por etapas, no como peldaños que se suceden, sino como procesos de
maduración en la vida de fe, vinculados unos con otros. Este itinerario
está jalonado de celebraciones, que van destacando la significación
y contenido de cada momento, solicitando la respuesta libre y personal de
los que participan y la transición del proceso. El itinerario propio
de la iniciación cristiana es, por tanto, un camino litúrgico
y catequístico[41], realidades que nunca deben separarse en la praxis
pastoral; esto responde a la pedagogía misma de Dios: palabra y gesto,
que se explicitan, manifiestan y accionan mutuamente, expectantes de la cordial
respuesta de quienes son sus interlocutores.
22- El Concilio Vaticano II nos señala las notas características del catecumenado de iniciación cristiana: “Los que han recibido de Dios, por medio de la Iglesia, la fe en Cristo, sean admitidos con ceremonias litúrgicas al catecumenado, el cual no es mera exposición de dogmas y preceptos, sino formación y noviciado convenientemente prolongado de toda la vida cristiana, con la que los discípulos se unen a Cristo, su Maestro. Iníciense, pues, los catecúmenos convenientemente en el misterio de la salvación, en la práctica de las costumbres evangélicas y en los ritos sagrados que han de celebrarse en tiempos sucesivos, y sean introducidos en la vida de la fe, de la liturgia y de la caridad del Pueblo de Dios. Liberados luego, por los sacramentos de la iniciación cristiana, del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Espíritu de hijos de adopción y celebran con todo el Pueblo de Dios el memorial de la muerte y resurrección del Señor (…). Pero esta iniciación cristiana durante el catecumenado no deben procurarla solamente los catequistas o los sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles, y de modo especial los padrinos, de suerte que ya desde el principio sientan los catecúmenos que pertenecen al Pueblo de Dios. Y como la vida de la Iglesia es apostólica, los catecúmenos han de aprender también a cooperar activamente en la evangelización y edificación de la Iglesia con el testimonio de vida y la profesión de fe”[42].
4- La renovación de la catequesis a la luz de la iniciación cristiana.
23- En el documento de Aparecida los obispos latinoamericanos han insistido
en esta renovación y particularmente la reclamaron en su servicio a
la iniciación cristiana: “Asumir esta iniciación cristiana
exige no sólo una renovación de la modalidad catequística
de la parroquia. Proponemos que el proceso catequístico formativo adoptado
por la Iglesia para la iniciación cristiana sea asumido en todo el
Continente como la manera ordinaria e indispensable de introducir en la vida
cristiana, y como la catequesis básica y fundamental. Después,
vendrá la catequesis permanente que continúa el proceso de maduración
en la fe, en la que se debe incorporar un discernimiento vocacional y la iluminación
para proyectos personales de vida”[43].
Esta renovación requerida exige por un lado la conversión pastoral
de nuestras comunidades -lo cual implicará pasar de una catequesis
de mera conservación a una catequesis decididamente misionera, kerigmática-[44],
y por otro la contemplación del catecumenado bautismal de adultos como
paradigma fundamental que ha de animar todo el proceso catequístico
de iniciación cristiana[45], tanto -como ya dijimos- para los no bautizados
que inician su camino de incorporación a Cristo como para los ya bautizados,
insuficientemente evangelizados o catequizados, o que se han alejado de la
vida cristiana y desean retomar el camino de la fe.
24- Insistimos en este último punto, dado que la Nueva Evangelización tiene como destinatarios precisamente a todos nuestros hermanos bautizados que se han alejado de la vida comunitaria eclesial, sea -entre otras causas- por insuficiente o inadecuada catequesis, por crisis de fe, por la influencia del ambiente de descreimiento en que se vive, etc. El esfuerzo misionero del que nos habla el Documento de Aparecida apunta precisamente a este amplio sector de feligreses. Se necesita, en cada comunidad parroquial, un espacio catecumenal para acoger a estos hermanos que desean retomar su camino de vida cristiana, para que tengan la posibilidad de renovar su fe desde una experiencia kerygmática, catequística, comunitaria y litúrgica: “No hemos de dar nada por presupuesto y descontado. Todos los bautizados estamos llamados a ‘recomenzar desde Cristo’, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos…”[46].
25- El Documento conclusivo de Aparecida nos trae una orientación suficientemente clara para asumir la Nueva Evangelización que bien puede aplicarse a la hora de comprender, asumir y emprender nuestras responsabilidades en la iniciación cristiana: “La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir ‘lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias’ (Apoc 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta”[47].
5- El catecumenado de iniciación cristiana y la renovación de la catequesis.
25- Para encarar la renovación de la catequesis de iniciación cristiana se hace necesario atender las indicaciones del Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA). En este ritual se describe el proceso del catecumenado de iniciación cristiana, en sus etapas graduales y los ritos litúrgicos que la van jalonando[48] y describe el Directorio Catequístico General[49]. Encontramos en nuestra gente diversas situaciones: no bautizados, bautizados no suficientemente evangelizados, alejados de la vida cristiana, adultos, jóvenes, niños, en zonas rurales o en grandes urbes, etc.; al implementar una iniciación cristiana para ellos, atendiendo a esta realidad, se hace necesaria siempre una adaptación, atendiendo a los no bautizados en el catecumenado bautismal o a los ya bautizados en un catecumenado postbautismal[50]. Esto requiere una esmerada preparación de los equipos de catequistas que llevarán a cabo el proceso.
26- En el Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) se
presentan las etapas graduales del proceso de iniciación y los ritos
litúrgicos que la van jalonando[51]:
- El pre-catecumenado (RICA 9-13): etapa kerygmática, de primer anuncio,
misionera. Etapa siempre necesaria, imprescindible. “De la evangelización,
realizada con el auxilio divino, nacen la fe y la conversión inicial”[52].
- El catecumenado (RICA 14-20): “un tiempo suficientemente prolongado
durante el cual los candidatos reciben la formación pastoral y se ejercitan
en la vida cristiana, gracias a lo cual las disposiciones espirituales manifestadas
en su ingreso alcanzan la maduración de su fe inicial”[53]. Catecumenado
que es formación y noviciado para la Vida Cristiana.
- El tiempo de purificación e iluminación (RICA 21-36): “El
tiempo de purificación e iluminación de los catecúmenos
coincide de ordinario con la Cuaresma...”[54]. En esta etapa tienen
lugar los ritos de los escrutinios, exorcismos y bendiciones.
- La celebración de los sacramentos de la iniciación (RICA 27-36:
el ritual precisa las formas de celebración de los sacramentos de iniciación
durante la Vigilia Pascual. En caso de un catecumenado para ya bautizados,
la renovación de los sacramentos deberá ser acentuada; es este
caso, la celebración del sacramento de la Penitencia cobra un valor
importante.
- El tiempo de la mistagogía (RICA 37-40): “...la comunidad con
los neófitos, por la meditación del Evangelio, la participación
en la Eucaristía y el ejercicio de la caridad, progresa en una percepción
más profunda del Misterio Pascual y en su manifestación cada
vez mayor con el testimonio de la vida”[55].
27- Todo este itinerario catecumenal puede ser implementado en cada comunidad, con las adaptaciones necesarias. Se trata no tanto de replicar lo antiguo, sino de adecuar a los tiempos culturales en que vivimos, las pautas esenciales que identifican un proceso catecumenal de iniciación cristiana. Siempre hay que recordar que es un camino litúrgico-catequístico; por lo tanto, la presencia del Espíritu Santo que actúa eficazmente, la fuerza de la Palabra proclamada, que es “viva y eficaz” y resuena en la comunidad, las celebraciones diversas, la gradualidad de las diversas etapas, el camino de maduración personal en la fe, el acompañamiento del equipo de catequistas y de toda la comunidad, son elementos que nunca deberán faltar. Al ser como un noviciado para la Vida Cristiana, el catecumenado se convierte en casa y escuela de comunión, donde la espiritualidad de la comunión es el principio educativo: ahí se forma el hombre y el cristiano[56].
28- Es importante señalar la riqueza renovadora para la vida cristiana de toda la comunidad que lleva consigo la implementación de este proceso evangelizador kerigmático-catecumenal. “Es necesario asumir la dinámica catequética de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral” [57]. Es apropiado que en cada parroquia se instaure en forma ordinaria un espacio evangelizador, tanto para el momento del anuncio del kerygma como para el catecumenado. Todos en la comunidad deben tener la oportunidad de vivir esta experiencia enriquecedora[58].
29- La renovación de la catequesis de iniciación no es simple
aplicación de técnicas o métodos: es un espíritu
que debe impregnar a toda la comunidad: sólo así se convierte
en verdadera fuerza renovadora de la vida en nuestras comunidades.
No se debe olvidar que estamos dentro del ministerio de la Palabra, cuya presencia
transversal y abundante en la catequesis es fundamental; por lo tanto, hay
que reconocer primero la acción de Dios, la eficacia de la proclamación
de la Palabra, del espíritu comunitario del encuentro, del clima propio
de oración y fraternidad; a esto hay que agregar las disposiciones
interiores propias de los catecúmenos-catequizandos; se parte de una
ley fundamental: el Evangelio nunca se impone, se propone; se cuenta, pues,
con la adhesión libre del interlocutor, lo cual establece relaciones,
vínculos especiales entre el catequista y el catequizando. Las diferencias
entre una “clase” en una “escuela” y un “encuentro”
de catequesis en “una comunidad de fe” son muy grandes. Por esto
hay que estar muy atentos al aplicar teorías, recursos etc. que nos
propone la ciencia pedagógica. La renovación metodológica
nos llevará a un equilibrio necesario en este punto, y a rescatar lo
que es más original de la catequesis y de la predicación: el
anuncio gozoso de que el Reino de Dios está cerca, utilizando una apropiada
pedagogía catequística, momento en el que no está ausente
la acción del Espíritu Santo.
6- Mirando la realidad de nuestra catequesis de iniciación.
30- Al exponer las características de la iniciación cristiana y la necesidad de la renovación, no podemos dejar de hacer una mirada sobre nuestra realidad catequística actual. Hay mucho de bueno y positivo; debemos reconocer y agradecer el inmenso trabajo de miles y miles de catequistas a lo largo y ancho del país. La religiosidad de nuestro pueblo es deudora de este trabajo; el esfuerzo de renovación que ha vivido en los últimos cuarenta años ha dado abundantes frutos. Recordemos lo que significó en su momento la catequesis kerygmática, el asumir la Biblia como fuente básica de nuestra catequesis, la renovación metodológica, las valiosas guías catequísticas con que se contó, el Directorio Catequístico Argentino, las Bases para la catequesis de niños, y también para adolescentes, la valiosa experiencia de mamás catequistas, la fecunda tarea de catequesis familiar, etc. Ahora nos encontramos en una coyuntura histórica, en un cambio epocal, ante una realidad socio-cultural que nos cuestiona y urge a una renovación: ha terminado la cristiandad, estamos ante una fuerte descristianización, el secularismo reinante cuestiona los fundamentos mismos de nuestra fe. La crisis familiar hace que la fe no se transmita desde el mismo hogar, perdiendo así la familia su rol indispensable en el proceso de iniciación en la vida cristiana.
31- Vemos también algunos problemas y dificultades. Debemos mencionar, por ejemplo, la soledad pastoral de la catequesis; sin un proyecto eclesial y pastoral que dé sentido y finalidad a lo que se hace. Al no contar con una cosmovisión eclesial definida, la catequesis no tiene rumbo, no cuenta con objetivos claros. La catequesis se redujo a la preparación inmediata para un sacramento, perdiendo así el sentido y la unidad del proceso de iniciación cristiana, cuyo objetivo es la incorporación plena al misterio de Cristo y a la comunión eclesial por medio de los sacramentos y la catequesis de iniciación. Esto ha hecho perder el sentido de la gradualidad y el respeto a la madurez del candidato para recibir el sacramento
32- Tenemos una catequesis que oscila entre lo experiencial-emotivo o lo conceptual-doctrinario, como excluyentes entre sí. Debemos subrayar la integralidad del proceso formativo de la iniciación cristiana lleva a superar esta tensión: la enseñanza de la fe es un elemento que hay que recuperar, desde un concepto integral de la fe, tal como nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: : “En virtud de su dinámica interna, la fe pide ser conocida, celebrada, vivida y hecha oración. La catequesis debe cultivar cada una de estas dimensiones. Pero la fe se vive en la comunidad cristiana y se anuncia en la misión: es una fe compartida y anunciada. Y estas dimensiones deben ser, también, cultivadas por la catequesis”[59]. Un recurso metodológico olvidado, y que habrá de recuperar sin caer en las exageraciones del pasado, es la memoria. La memorización de oraciones, textos bíblicos o litúrgicos apropiados, fórmulas sencillas y completas de la fe, constituyen un andamiaje fundamental para toda la vida cristiana, sin olvidar que la iniciación cristiana es formación, noviciado, entrenamiento para la vida cristiana plena; la catequesis no es una mera exposición de dogmas y preceptos[60].
33- Continuando en el señalar algunos problemas comunes, podemos mencionar:
la “escolarización” de la catequesis, que le ha hecho perder
su originalidad metodológica, y en especial la riqueza del Año
Litúrgico como itinerario catequístico propio.
La catequesis actual también denota una gran dificultad para la participación
-especialmente en la catequesis con niños- en la Eucaristía
dominical y en la integración en la comunidad parroquial.
Otra realidad preocupante es la poca participación de los padres en
el acompañamiento de sus hijos en el proceso de iniciación.
Una debilidad grave de nuestra catequesis: la ausencia de la catequesis de
adultos. Debemos atender a lo que al respecto nos dice el Directorio Catequístico
General[61], recordando que el adulto es el principal destinatario de la catequesis.
La implementación del catecumenado de iniciación cristiana para
adultos, por su parte, allana el camino para la catequesis de niños,
adolescentes y jóvenes.
Por último anotamos un problema que es preocupante: la improvisación
de los catequistas. La formación de los catequistas es un tema urgente
y de vital importancia. Se observa también pobreza en el acompañamiento
pastoral y espiritual a los catequistas, cuando de su espiritualidad depende
en gran parte la calidad de su catequesis. Es uno de los desafíos más
grandes para el ministerio pastoral de los párrocos o responsables
de la catequesis en las diversas comunidades.
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CUESTIONARIO PARA FACILITAR EL DIALOGO GRUPAL.
1- Leyendo este capítulo: ¿Cuáles son los elementos fundamentales
que caracterizan a la iniciación cristiana?
2- ¿Qué características del “catecumenado bautismal
de adultos” deberían iluminar o estar presentes en toda catequesis
de iniciación?
3- ¿Qué rasgos o aspectos de la catequesis de iniciación
cristiana que desarrollamos en nuestra comunidad nos permiten vislumbrar los
signos de la pedagogía e iniciativa salvífica de Dios?
III. La iniciación cristiana, una acción eclesial.
(El QUIÉN de la catequesis)
1- Los responsables de la catequesis de iniciación.
34- ¿Quiénes son los responsables de la iniciación cristiana? Afirmando una vez más un principio fundamental: en la iniciación cristiana se debe considerar primeramente la acción de Dios, su iniciativa salvífica; después tiene lugar la acción de la Iglesia y sus comunidades, su misión evangelizadora y la acción del creyente que responde con su acto de fe y compromiso como discípulo misionero en la Iglesia.
a. La iniciación cristiana es ante todo una iniciativa de Dios.
35- El diálogo de la salvación fue abierto espontáneamente por iniciativa divina: El nos amó primero[62]. En la iniciación cristiana se pone de manifiesto esta iniciativa totalmente gratuita de Dios ya que la Iglesia acoge fraternalmente a quienes han recibido el anuncio de la Buena Noticia y se reconocen interesados por ella, los dispone y acompaña en el conocimiento y amor de este misterio, y disfruta con ellos la gratuidad de la Vida Nueva a través de los sacramentos que celebra. “...Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía”[63]. “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”[64]. La iniciación cristiana, en cuanto que es encuentro con Jesucristo, es iniciativa y acción de Dios[65].
b. La iniciación cristiana es interacción eclesial.
36- En la iniciación cristiana la Iglesia actúa como sujeto integral a la vez que como agente evangelizador procurando ser fiel al mandato del Señor: anunciar a todos los hombres la Buena Noticia de la Salvación de Dios; es también el interlocutor-destinatario que responde a Dios uniendo su voz y su vida a la de los hermanos que participan y crecen en el itinerario de maduración de su fe y en la vida Trinitaria.
• Concierne a toda la comunidad…
37- La iniciación se realiza en la Iglesia, por la Iglesia y para la Iglesia; nunca es un acto privado entre Cristo y el catecúmeno: la iniciación cristiana concierne a la comunidad antes que el individuo[66]; es siempre una acción eclesial. La Iglesia entera debe sentirse y querer ser responsable de este maravilloso acontecimiento[67]. La iniciación cristiana “no deben procurarla solamente los catequistas o los sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles”[68], más aún, es la misma comunidad cristiana la que al final de este proceso acogerá a los neófitos en un ambiente fraterno donde puedan vivir con la mayor plenitud posible lo que han madurado y celebrado[69].
Pero hay distintas responsabilidades…
38- Si bien toda la comunidad es responsable de la iniciación cristiana
y todos sus miembros hemos de dar testimonio de la fe, hemos de advertir y
reconocer distintos grados de responsabilidad según el ministerio que
la Iglesia misma les confía[70].
Así, hemos de recordar la misión de los padres de familia, como
primeros transmisores de la fe y primeros iniciadores en la vida cristiana.
Se debe revalorizar y afianzar la vocación y capacitación de
los catequistas laicos en su indispensable servicio a esta misión.
Asimismo es necesario tomar conciencia de la importancia del ministerio catequístico
por parte de quienes son los primeros responsables del mismo: los obispos,
de quienes depende toda la acción evangelizadora de la Iglesia. Los
sacerdotes, particularmente los párrocos, y diáconos permanentes,
que en las respectivas comunidades serán los primeros animadores y
organizadores de la catequesis de iniciación: es imprescindible su
capacitación intelectual, pastoral y catequística para que puedan
acompañar esta tarea primordial de la Iglesia. Es invalorable la presencia
y dedicación de las comunidades religiosas y de vida consagrada en
la tarea catequística, sumando así a esta acción pastoral
toda la riqueza de su propio carisma, en comunión con toda la Iglesia
diocesana y con las comunidades donde se insertan.
39- Es, sin duda, imprescindible la capacitación intelectual, pastoral y catequística de todos y cada uno, según las distintas responsabilidades que nos conciernen, para que podamos acompañar adecuadamente esta tara primordial de la Iglesia. Pero así como es importante la capacitación de los diversos agentes pastorales para esta tarea catequística, es fundamental que cada uno de ellos se integre plenamente e involucre personalmente en la vida de la comunidad. No actúan solos ni por cuenta propia, sino en nombre de la comunidad, la cual a su vez debe tomar parte en este proceso de iniciación cristiana: así es como la fuerza renovadora de la catequesis de iniciación puede revitalizar profundamente la vida de nuestras comunidades, no solamente por la integración de nuevos miembros, sino sobre todo por la participación en el dinamismo celebrativo y comunitario de la iniciación cristiana en estilo catecumenal.
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CUESTIONARIO PARA FACILITAR EL DIALOGO GRUPAL.
1- En la iniciación cristiana ¿Cuál es la acción
de Dios? ¿Qué hace la Iglesia? ¿Qué rol debe asumir
la comunidad?
2- ¿Qué consecuencias tiene el decir que “la iniciación
se realiza en la Iglesia, por la Iglesia y para la Iglesia? ¿Cómo
vemos en nuestra Iglesia la participación y el compromiso de los agentes
responsables de la catequesis?
3- ¿Tenemos conciencia de que la catequesis de iniciación cristiana
es tarea de toda la Iglesia (diocesana y parroquial), en la cual debe involucrarse
toda la comunidad? ¿O sólo es preocupación del equipo
de catequistas?
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IV. La iniciación cristiana, un itinerario gradual.
(El CÓMO de la catequesis).
1- La iniciación cristiana como proceso-itinerario.
40- El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la iniciación cristiana es un “itinerario” y nos señala las etapas y los elementos que no han de faltar para que este camino se transite adecuadamente: “Desde los tiempos apostólicos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciación que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido rápida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, el acceso a la comunión eucarística”[71]. Por su parte, del documento de Aparecida remarca la progresividad de este camino: “Ser discípulo es un don destinado a crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así, forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida. Es necesario asumir la dinámica catequética de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral”[72].
41- La gradualidad de este itinerario no sólo se refiere a la acción y prudencia maternal de la Iglesia que ofrece a sus hijos “el Evangelio en toda su autenticidad y pureza”[73], sino también a la respuesta de los catecúmenos-catequizandos. La Iglesia, a lo largo de la iniciación cristiana ha de respetar el ritmo de madurez psicológica e histórica, respetando el tiempo de Dios y los tiempos del catequizando. Los procesos de maduración[74] son personales y no masivos, lo cual nos hace pensar en la calidad de respuesta de nuestros catecúmenos-catequizandos a la hora de recibir los sacramentos de la iniciación. La finalidad de la iniciación es formar un discípulo de Jesús[75]. De allí que los procesos de maduración: han de ser personales y no masivos, han de estimular una respuesta positiva de nuestros catecúmenos-catequizandos a la gracia de Dios que se disponen a recibir en la celebración de los sacramentos de la iniciación y han de alentar el deseo de seguir creciendo en su condición de discípulo misionero de Jesucristo.
2- La unidad de los sacramentos
42- Los tres sacramentos de la iniciación cristiana se complementan
entre sí de tal manera, que conducen a su desarrollo total a los fieles,
para que realicen en la Iglesia y en el mundo la misión encomendada
a todo el pueblo cristiano, ellos reflejan “la unidad del misterio pascual,
la relación entre la misión del Hijo y la efusión del
Espíritu Santo”[76]. De allí la insistencia del magisterio
conciliar por velar, más allá del orden sacramental, por la
unidad de la iniciación cristiana[77], la cual en cualquier práctica
pastoral ha ser salvaguardada[78].
La gradualidad del itinerario se ve también reflejada en el catecumenado
con sus etapas y en el efecto propio de cada uno de los sacramentos que a
lo largo de ella se celebran, completando y llevando a plenitud el proceso
de incorporación a la vida cristiana[79].
43- En virtud del magisterio de la Iglesia podemos decir que el camino ordinario para la celebración de los sacramentos en la iniciación cristiana, tanto para niños como para adultos, es el de Bautismo-Confirmación-Eucaristía, ya que expresa la gradualidad de crecimiento y perfección que pretende la iniciación cristiana[80]; sin embargo, reconocemos que ha habido razones que históricamente modificaron el orden de los dos últimos sacramentos, dejando abierta una alternativa que exige una seria justificación pastoral para ser seguida; en todos los casos, sin descuidar la unidad de todo el proceso que se diseñe.
3- Catequesis y liturgia.
44- Las celebraciones litúrgicas con las etapas catequísticas forman el entramado principal del itinerario catecumenal. Catequesis y Liturgia se vinculan y refieren mutuamente en todo el trayecto de la iniciación cristiana y a la hora de pensar y desarrollar una renovación de nuestra pastoral de la iniciación debemos articular y actuar orgánicamente para que nuestros catecúmenos- catequizandos perciban el mismo deseo de la Iglesia que busca acompañarlos y celebrar con ellos la gracia que Dios les ofrece, la respuesta que ellos le dan y la alegría que nos causa crecer como comunidad de fe, esperanza y caridad. Esta riqueza e integración se exponen en el Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA); es de esperar un estudio y aplicación creativa del mismo en nuestras comunidades.
4- El Itinerario Catequístico Permanente: momento articulado y consecutivo de la iniciación cristiana
45- Al reconocer la iniciación cristiana como un proceso gradual advertimos
que llegada la etapa final de la iniciación ésta debe estar
articulada, en el diseño del proyecto pastoral, con distintas propuestas
de participación en la vida eclesial que ayuden a los que celebraron
sacramentalmente su iniciación cristiana a crecer como miembros activos
de esa comunidad cristiana particular. No olvidemos que ser discípulo
es un don destinado a crecer y como Iglesia sentimos la necesidad pastoral
de acompañar a cada discípulo en su proceso de crecimiento de
la fe. Este acompañamiento se ha de hacer durante toda la vida del
hombre, a lo largo de las diversas etapas y situaciones de la persona. Esta
tarea, que se abre una vez celebrada la iniciación cristiana, es lo
que llamamos itinerario catequístico permanente (ICP)[81].
Por su parte, los movimientos, instituciones y diversas formas comunitarias
–como lo son las pequeñas comunidades de vida cristiana- han
de procurar ofrecer, en sus diferentes realidades, ámbitos que posibiliten
la paulatina, libre y fraterna integración de los que han celebrado
su iniciación cristiana[82].
46- Si bien el objetivo de este documento es específicamente la iniciación cristiana, es oportuno señalar con respecto al ICP la excelente acogida que tiene en numerosos grupos y pequeñas comunidades la lectura orante de la Biblia, tanto de jóvenes como de adultos, con la práctica de la Lectio Divina, siguiendo las lecturas propias de la liturgia dominical, atendiendo a lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “(La Liturgia) Por tanto, es el lugar privilegiado de la catequesis del Pueblo de Dios”[83]. Esta práctica llevada adelante por todos los agentes de pastoral y las comunidades de fieles, tiene una fuerza renovadora extraordinaria, y a la vez, se está “edificando sobre roca”[84].
47- Todo el proceso catequístico busca formar a cada discípulo para una vida eucarística, es decir, una inserción íntima y vital en el misterio de Cristo, una vivencia profunda de comunidad que se nutre con el Pan de Vida, creciendo en la Caridad, asumiendo la misión como tarea propia de un discípulo del Señor. El proceso catequístico debe llevar a un discernimiento vocacional, tanto para un estado de vida determinado como para descubrir los carismas personales. El ICP deberá también, desde la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, lograr que el cristiano sea un verdadero ciudadano, que con su testimonio de vida, su palabra, su acción, impregne de espíritu evangélico el mundo en que vive[85].
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CUESTIONARIO PARA FACILITAR EL DIALOGO GRUPAL.
1- ¿De qué modo los catequistas respetamos el ritmo de madurez
sicológico, histórico y de crecimiento en la fe de nuestros
en la misma vida de fe de nuestros catecúmenos-catequizandos?
2- ¿Qué implica en la práctica la necesidad de salvaguardar
la unidad de los sacramentos de iniciación cristiana?
3- ¿Qué implica en la práctica la necesidad de salvaguardar
la unidad de los sacramentos de iniciación cristiana?
4- ¿Hemos dedicado tiempo, en nuestra formación catequística,
a la lectura y al estudio del RICA?
5- ¿Cómo proponemos la continuidad entre la iniciación
cristiana, la integración comunitaria de nuestros catecúmenos-catequizandos
y un posible itinerario catequístico permanente?
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V. La iniciación cristiana, una responsabilidad comunitaria.
(El DÓNDE de la catequesis).
1- Los lugares de la catequesis de iniciación.
48- El Directorio General Catequístico nos habla de “La comunidad cristiana como hogar de la catequesis”, señalándola como “lugar” de catequización: “La comunidad cristiana es el origen, lugar y meta de la. De la comunidad cristiana nace siempre el anuncio del Evangelio, invitando a los hombres y mujeres a convertirse y a seguir a Jesucristo. Y es esa misma comunidad la que acoge a los que desean conocer al Señor y adentrarse en una vida nueva. Ella acompaña a los catecúmenos y catequizandos y, con solicitud maternal, les hace partícipes de su propia experiencia de fe y les incorpora a su seno. La catequesis siempre es la misma. Pero estos “lugares” de catequización la colorean, cada uno con caracteres originales catequesis. Es importante saber cuál es la función de cada uno de ellos en orden a la catequesis”[86].
a. La familia cristiana.
49- La familia cristiana, Iglesia doméstica, es un lugar de iniciación
que tiene un carácter único. La catequesis familiar precede,
acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis[87]. En nuestro
país la participación activa de la familia en los procesos de
iniciación es una realidad extendida, sobre todo en ciertas regiones
–especialmente rurales-; sin embargo, la crisis en los vínculos
familiares afecta dolorosamente la posibilidad de que ésta siga siendo
el lugar primero y ordinario de iniciación cristiana: la familia, salvo
pocas excepciones, ya no transmite la fe a sus hijos y ciertos hábitos
de profunda tradición cristiana son excepcionalmente practicados.
La catequesis familiar ha ayudado mucho a esta tarea de iniciación
cristiana, y es un instrumento de integración familiar, tanto hacia
dentro de la misma familia como dentro de la comunidad cristiana; esto, si
se respetan ciertos parámetros metodológicos:
- que participe, de ser posible, el matrimonio;
- que sea un proceso integral de evangelización y una verdadera iniciación
cristiana, con todos los elementos que esta supone.
- Que haya un constante y cuidadoso acompañamiento de los catequizandos
por parte del matrimonio catequista y del párroco o asesor encargado;
- Que apunte a una continuidad, integrados en la comunidad parroquial como
pequeña comunidad de vida cristiana.
b. La parroquia.
50- “La comunión eclesial, aún conservando siempre su
dimensión universal, encuentra su expresión más visible
e inmediata en la parroquia. Ella es la última localización
de la Iglesia; es, en cierto modo, la misma Iglesia que vive entre las casas
de sus hijos y de sus hijas”[88]. La parroquia es el lugar más
significativo en el que se forma y manifiesta la comunidad cristiana. Ella
está llamada a ser casa, escuela y taller de comunión, donde
los miembros del Pueblo de Dios disciernen y asumen su vocación de
discípulos misioneros. Ella es el ámbito ordinario donde se
nace y se crece en la fe.
La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana,
es el ambiente natural y ordinario de la misma. Esto exigirá una renovación
de la modalidad catequística de la parroquia, lo cual implica comenzar
el proceso con la formación de los propios catequistas, capacitándolos
como verdaderos iniciadores en la vida cristiana[89].
c. Las escuelas católicas.
51- Las escuelas católicas (congregacionales o parroquiales), en virtud
de su propia naturaleza, son un lugar muy relevante para la formación
humana y cristiana, y deben brindar una completa enseñanza escolar
de la religión católica.
“Hay una indisoluble y clara distinción entre enseñanza
de la religión y catequesis, que es la transmisión del mensaje
evangélico, una etapa de la evangelización. El nexo se justifica
para que la escuela mantenga su nivel de escuela, orientado a dar una cultura
completa e integrable en el mensaje cristiano.
La distinción estriba en que la catequesis, a diferencia de la enseñanza
religiosa escolar, presupone ante todo la aceptación del mensaje cristiano
como realidad salvífica. Además, el lugar específico
de la catequesis es una comunidad que vive la fe en un espacio más
vasto y por un período más largo que el escolar, es decir, toda
la vida”[90]
Dentro de la catequesis que puede brindar la comunidad educativa ocupa un
lugar específico la iniciación cristiana aún cuando ésta
es competencia propia de la parroquia.
52- La reflexión conciliar ha provocado un cambio decisivo en la concepción de la escuela católica pasando de la escuela-institución a la escuela-comunidad[91]. Dada la pluralidad de circunstancias socioculturales y religiosas que inciden en este ámbito, consideramos conveniente hacer precisiones acerca de la modalidad específica en la que debería desarrollarse esta actividad catequística de iniciación cristiana en las comunidades educativas[92]. Proponemos, pues, algunos criterios que ayuden a repensar esta praxis pastoral.
53- Las comunidades educativas evangelizadoras se convierten en espacios para el desarrollo de la iniciación cristiana, si atendiendo a ciertos criterios garantizan algunas condiciones como elementos necesarios para la misma: a) En cuanto comunidad inserta en otra –es decir, en la parroquia-, el itinerario de iniciación ha de estar orientado y conducido por el párroco o un delegado suyo, quien a su vez acompaña a los catequistas, discierne y celebra los momentos de maduración y establece los ámbitos oportunos para las celebraciones; b) Los procesos de la iniciación deben conservar su identidad y evitar cualquier asimilación al curriculum escolar, salvaguardando su carácter de libre participación por parte del catecúmeno-catequizando; c) Los procesos han de estar animados por catequistas idóneos, especialmente capacitados y dedicados a la iniciación; d) Los padres de familia deberían contar con un espacio en el que manifiesten expresamente su consentimiento a la participación de sus hijos en este particular itinerario catecumenal y a la vez, ellos mismos, puedan acompañar esta etapa formativa de sus hijos; e) la mistagogia debe estar orientada a la conformación de una pequeña comunidad estable, más allá del período de formación escolar, que posibilite la perseverancia y haga efectiva la integración a la comunidad parroquial; f) Quienes participen del itinerario catecumenal deberán hacerlo conforme a los ritmos litúrgicos propios de este camino de iniciación, de tal manera que la autonomía propia con respecto al calendario escolar no deteriore ni desvirtúe su participación.
d. La religiosidad popular.
54- La religiosidad popular, da lugar a verdaderas vivencias y expresiones
de fe católica en nuestro pueblo, y es de por sí transmisora
de la fe, de costumbres y prácticas religiosas. Siempre ha de ser atendida
con solicitud para que nuestro pueblo asuma un verdadero dinamismo de crecimiento
en su vida de fe, respetando así las tradiciones y valores que vive.
Esta realidad se presenta en forma muy rica y variada en las diversas zonas
del país. “La piedad popular es un imprescindible punto de partida
para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga más fecunda”[93].
De allí que podamos señalar que religiosidad popular más
que un espacio para la iniciación cristiana debe ser considerada una
ocasión para incentivar su consumación[94]. La catequesis mistagógica
puede ser un procedimiento apto para el crecimiento y profundización
de la fe que se expresa en la piedad popular.
Es necesaria la reflexión pastoral que nos ayude a ver cómo
aprovechar la religiosidad popular para que pueda ser también un camino
peculiar de iniciación y de crecimiento en la vida cristiana, motivando
siempre a la “plenitud de vida cristiana y perfección de la caridad”[95]
como meta a alcanzar.
2- Los interlocutores en la catequesis de iniciación cristiana.
55- La iniciación cristiana -transmisión de la fe y celebración sacramental, estrechamente ligadas en el mandato del Señor-[96], forma parte integrante de la misión de la Iglesia, que es, y no puede dejar de serlo, universal, procurando alcanzar a todos los hombres y a todos los pueblos del mundo. Pero no puede ser propuesta de modo idéntico, sino adecuado a la condición de quienes se disponen a recibirla y a las circunstancias que los rodean. Por lo tanto, este itinerario catecumenal no será siempre uniforme, sino adaptado a la índole del interlocutor y a las distintas circunstancias de hecho existentes. Una cosa, en efecto, es el proceso de la iniciación vivido por un niño y otra por un adulto; una cosa es acompañar el proceso catecumenal de un nuevo miembro de una familia creyente, otra es proponer el catecumenado a un joven inmerso en una cultura urbana secularista, y otra recorrerlo con alguien que no haya oído hablar de Dios. En el caso de catecumenado para personas ya bautizadas, es necesario tener en cuenta la gracia bautismal recibida, por la cual ha sido iniciado en la vida cristiana, incorporado al misterio de Cristo. El catecumenado bautismal de adultos es un paradigma, que debe inspirar un “estilo catecumenal”, adaptado a las necesidades concretas y actuales de la nueva evangelización. Podríamos decir, en el caso de los ya bautizados, que el catecumenado es como un memorial de la propia iniciación cristiana en la Vida de Fe.
a- Catequesis con adultos.
56- Es la principal forma de catequesis. Hoy nuestra Iglesia está llamada a un renovado esfuerzo evangelizador orientado principalmente a tantos hombres y mujeres que se han alejado de la vida eclesial. La catequesis con adultos debe ser catequesis adulta y para adultos; esto es, mirar la realidad en la cual viven, escuchar sus inquietudes, necesidades, expectativas, responder a sus cuestionamientos, con fundamentaciones, iluminaciones, enseñanzas coherentes y adecuadas. El catecumenado de iniciación cristiana para adultos es indispensable instaurarlo hoy en todas nuestras comunidades[97], haciendo las adaptaciones necesarias.
57- Reclamamos una atenta y urgente mirada sobre la iniciación cristiana de los adultos, o bien la reanimación de su vida de fe cuando se han alejado y desean reemprender el camino del seguimiento de Cristo. Los adultos son “las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada...”[98].; hoy es éste uno de los grandes desafíos de nuestra pastoral evangelizadora: evangelizar integrando a los adultos a la comunidad eclesial; por esto es que se señala como necesaria la integración orgánica entre la acción misionera, la catequesis y la actividad comunitaria-pastoral, como momentos distintos, complementarios y ambos imprescindibles en el proceso evangelizador. Asimismo entendemos que la participación de los jóvenes, de los adolescentes y de los niños en los itinerarios de iniciación requiere un replanteo y renovación profundos, a partir de las consideraciones que aquí presentamos.
b- Catequesis con niños.
58- La implementación del catecumenado de iniciación cristiana
para niños es todo un desafío a la creatividad catequística.
En la catequesis con niños, un tema que debemos considerar es el de
la edad apropiada para la catequesis. Teniendo en cuenta las profundas diferencias
que hay en la niñez, sea el las distintas regiones del país,
en el interior, en las zonas rurales, en las grandes urbes, se nos presenta
un panorama en el cual las soluciones son también dispares. El cambio
cultural que estamos viviendo es muy profundo. Los niños hoy, especialmente
en las grandes ciudades, están inmersos en un mundo materialista tremendamente
influenciado por los medios de comunicación social, muchos de ellos
en situaciones familiares conflictivas, niños especialistas en el manejo
de la electrónica, internet, celulares, etc. Nos asombra la capacidad
de aprendizaje de esta tecnología por parte de los niños y la
procacidad que viven ante ciertas cuestiones morales. Esta realidad nos plantea
interrogantes serios: ¿habrá que comenzar la catequesis a edad
más temprana? Es todo un desafío metodológico y pastoral;
el Directorio General Catequístico nos alerta sobre la situación
de los niños sin apoyo religioso familiar o que no frecuentan la escuela[99].
Un elemento metodológico que se debe incorporar es la recreación:
el niño aprende jugando, además, esto hace más atractivos
los encuentros catequísticos.
c- Catequesis con adolescentes y jóvenes.
59- La catequesis en esta edad es fundamental, dado que es la etapa en que
se forja la personalidad y hacen su opción vocacional[100]. No solamente
debe ser una catequesis adecuada a la edad, que responda a sus inquietudes
y cuestionamientos y que los oriente hacia una elección libre por Jesucristo
y a una vida cristiana plena en comunión eclesial y comprometida con
el mundo en que el joven vive. La acción pastoral debe acompañar
la catequesis, como condición indispensable para que ésta sea
fecunda. El adolescente y el joven necesitan una comunidad acogedora, donde
puedan crear vínculos para compartir la vida, la fe, sus proyectos
e ideales, sus actividades apostólicas, etc.
No debemos menospreciar la sed de espiritualidad profunda que tienen tanto
los adolescentes como los jóvenes. Se hace necesario crear espacios
para que vivan verdaderas experiencias de fe, de oración, de comunión
fraterna, sin temor a las exigencias radicales del Evangelio, que debe ser
presentado siempre con integridad.
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CUESTIONARIO PARA FACILITAR EL DIALOGO GRUPAL.
1- En nuestra realidad eclesial (diócesis, parroquia) ¿Qué
ámbito tiene más fuerza y presencia catequística (familia,
parroquia, centros y capillas, escuela, movimientos, etc.)?
2- ¿Qué hacemos para que cada uno de estos lugares sea un verdadero
espacio evangelizador y catequístico?
3- En el caso de las escuelas católicas (parroquiales u otras) ¿Tienen
plena conciencia de su identidad y hay coherencia entre esta identidad y las
demás tareas educativas? ¿Cómo se desarrolla la catequesis
de iniciación? ¿Qué importancia tienen los criterios
que se mencionan en este documento? ¿Qué grado de integración
existe con la pastoral parroquial y diocesana?
4- ¿Quiénes son comúnmente los principales interlocutores
de la catequesis de iniciación en nuestra realidad eclesial actual?
5- Analizar como se involucran en el proceso de iniciación cristiana,
los padres de familia, los catequistas, los demás miembros de la comunidad,
los diáconos, presbíteros, el obispo.
6- ¿Tenemos especial atención a los bautizados que se han alejado
o han abandonado su práctica y vida cristiana eclesial?
7- Señalizando problemas y dificultades en torno a los agentes y a
los destinatarios de la catequesis ¿cuáles advertimos en nuestra
comunidad? ¿Cómo superar estos problemas y con qué criterios
intentaremos renovar nuestra catequesis?
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VI. La formación de catequistas.
61- La renovación de la catequesis necesita de catequistas renovados desde su misma formación, dispuestos a la conversión pastoral que nos pide la Iglesia en Latinoamérica. “Cualquier actividad pastoral que no cuente para su realización con personas verdaderamente formadas y preparadas, pone en peligro su calidad. En consecuencia, la pastoral catequética diocesana debe dar prioridad a la formación de los catequistas laicos”[101]. La formación de los catequistas es prioritaria como tarea de la máxima importancia[102]; habrá que atender no sólo una formación adecuada de los catequistas, sino también la necesaria formación catequística de los sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas. Al respecto, lo afirmado en Juntos para una Evangelización Permanente y en el Directorio General para la Catequesis[103] no deja lugar a dudas sobre la importancia de esta formación y capacitación. En esto estamos en deuda: habría que revalorizar la misión catequística del sacerdote como ministro de la Palabra.
62- La formación del catequista deberá tener como eje el desarrollo
de su propia vocación específica, dando importancia principalmente
a su formación espiritual; tiene, además, que guardar coherencia
con el proyecto eclesial y pastoral de la comunidad (diocesana y parroquial).
Uno de los aspectos más importantes en la formación es atender
la espiritualidad de los catequistas. Esto hace especialmente a su vocación
e identidad, y es una de las principales responsabilidades de los párrocos:
el acompañamiento y formación de sus propias agentes pastorales.
63- Hoy se impone una honda reflexión sobre el perfil del catequista
iniciador y acompañante del itinerario de fe de los catequizandos.
El catequista es antes que nada un discípulo-testigo. Con una vida
impregnada por el Espíritu Santo, abierta a la Palabra como alimento
y oración cotidiana: conocer la Escritura es conocer a Jesucristo”.
Es un hombre-mujer de comunión: con el Cuerpo de Cristo -Cuerpo Eucarístico-
y con el Cuerpo Místico que es la Iglesia. Comunión afectiva
y efectiva, que lleva a vivir y formar siempre comunidad, engendrando así
Vida: la Vida de comunión, la Vida de Fe, de Esperanza, de Caridad.
El perfil propio del catequista estará inspirado en Jesús, en
su vida y su pedagogía; así, el catequista es maestro y pastor,
testigo de Cristo, miembro de la comunidad donde se nutre de la Palabra y
de la Eucaristía, para compartir la fe con sus hermanos catecúmenos-catequizandos,
que presta su servicio en comunión con otros, viviendo la espiritualidad
de la comunión como principio pedagógico[104], atento al querer
de Dios y a las expectativas más profundas de aquellos con quienes
transita el itinerario catecumenal.
El catequista, persona experimentada en el trato con Dios, es un facilitador
del encuentro del hombre con Dios, de allí que la metodología
catequística, si bien toma elementos de las ciencias humanas (pedagogía,
didáctica, sicología...), es una peculiar pedagogía de
la fe, teniendo características especiales que derivan precisamente
del contenido y de la índole de la formación de la fe, que son
distintas a todo otro tipo de educación. El acompañamiento debe
señalarse como actitud propia del catequista, al modo de Jesús
en el camino de Emaús[105].
64- Un catequista con estas cualidades debe ser formado adecuadamente. Uno de los retos que tenemos por delante es la renovación de nuestros centros de formación, sus programas, recursos, criterios pedagógicos. Es un desafío que exige un cambio de enfoque y de método. Queremos formar catequistas que puedan acompañar procesos catecumenales de iniciación cristiana, tanto de adultos como de niños. Es por eso que proponemos una formación de catequistas “en estilo catecumenal”: que nuestros candidatos a ser catequistas, siguiendo un proceso evangelizador, hagan memoria de su propia iniciación cristiana y su encuentro con Jesucristo, profundicen su fe y su compromiso de vida cristiana, por medio de una renovada y sincera conversión, en un ambiente de comunidad cristiana, guiados por un equipo formador en el cual todos son precisamente catequistas. Es conveniente superar un estilo de formación meramente académica y racionalista, y posibilitar que los catequistas tengan una verdadera experiencia del proceso catecumenal de iniciación cristiana la cual se verá enriquecida si los mismos catequistas conocen y aprenden la estructura litúrgica, catequística y pastoral del Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos, y lo asumen como un proceso de iniciación cristiana integral que comienza desde el anuncio kerygmático y la conversión hasta la integración en la vida comunitaria, a la vida eucarística en la comunidad adulta, como culmen del itinerario propio de la iniciación cristiana.
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CUESTIONARIO PARA FACILITAR EL DIALOGO GRUPAL.
1- ¿Tenemos en nuestra comunidad catequistas capacitados? ¿Cuál
es su grado de preparación (Seminario catequístico, cursos,
etc.)? ¿Qué necesidades y dificultades tenemos para capacitar
a nuestros catequistas? ¿Qué hacer al respecto?
2- ¿Damos suficiente prioridad e importancia a la formación
integral de los catequistas (humana, espiritual, catequética, etc.)?
3- ¿Cómo realizamos el acompañamiento y la formación
permanente de nuestros catequistas?
4- ¿Por qué necesitamos hoy una formación catequística
que acerque a una experiencia catecumenal a nuestros catequistas?
5- ¿Qué perfil debe tener un catequista al servicio de la Iglesia-madre
que engendra e inicia en la vida cristiana? ¿Qué notas no deberían
faltar nunca en la espiritualidad de un catequista?
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Conclusión.
65- Sabemos que todo lo que proponemos no es fácil, e implica un cambio profundo en nuestra praxis pastoral; el Documento de Aparecida nos habla de la necesaria conversión personal y pastoral, para que nuestra Iglesia sea una verdadera comunidad misionera, donde la catequesis cumple un rol prioritario. Diversas experiencias se están haciendo a lo largo y lo ancho del país, lo cual nos da esperanza de una auténtica renovación en nuestra iniciación cristiana. Estamos convencidos de que cuando hay verdadero entusiasmo y se aplica toda la capacidad creativa de la comunidad, especialmente en el trabajo en equipo en las juntas -diocesanas y parroquiales-, el estudio, la evaluación sincera, la planificación participativa, estas cosas pueden dejar de ser meros ideales y pasar a ser felices realidades renovadoras. Recordemos que no estamos solos: el Señor nos acompaña: “Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo”[106].
66- La catequesis nos involucra a todos y nos llama a ser responsables de
esta misión que el Señor nos encomendó: “Vayan,
y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles
a cumplir todo lo que yo le he mandado”.[107]
Que Nuestra Madre nos ayude con su intercesión y ejemplo a ser fieles
a este ministerio de la Palabra que se nos ha confiado; ponemos en manos de
María Santísima, primera catequista, todo lo que proponemos
en este documento. Que Ella nos guíe y nos alcance la asistencia del
Espíritu Santo para que con su acción y fieles a nuestra misión
logremos forjar verdaderos discípulos misioneros de Jesucristo.
[1] Cf. NMA 22-23.
[2] DA 286; los resaltados son nuestros.
[3] Id. 287.
[4] Id.
[5] JEP 24: “la catequesis es un momento muy importante de la evangelización
y está relacionada con el conjunto de las actividades pastorales y
misionales de la Iglesia”. Cf. CT 1.
[6] NMA 45.
[7] Cf. NMI 43.
[8] Cf. JEP 120-139.
[9] Cf. CT 24.
[10] Cf. DA 291; 294.
[11] Cf. DA 366-368. 370-371; NMA 83-89.
[12] DA 347.
[13] EN 15.
[14] “No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie
el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús
de Nazaret, Hijo de Dios” (EN 22); “Evangelizar es, ante todo,
dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo
mediante el Espíritu Santo” (EN 26).
[15] DA 365.
[16] Cf. DA 365-370.
[17] DA 287.
[18] CT 18. Cf. DGC 46-49.
[19] EN 22.
[20] Sobre la relación entre el primer anuncio y la catequesis propiamente
dicha, ver: CT 19; DGC 60-62.
[21] DGG 90. Cf RICA, Notas preliminares 1-2.
[22] DA 288. Los resaltados son nuestros.
[23] DGC 51.
[24] DGC 85.
[25] DGC 95-96.
[26] DGC 63-68.
[27] DGC 83.
[28] DGC 88-89.
[29] DGC 90-91.
[30] Cf. CEC 1129. 1210. 1212.
[31] DGC 78-79.
[32] DV 2.
[33] Cf. Jn. 6,65; CEC 153-154.
[34] Cf. DGC 158.
[35] DA 288.
[36] DA 288. 293.
[37] Cf. RATZINGER J. Teoría de los principios teológicos, Barcelona,
1985, pág. 40. Citado por Antonio Cañizares y Manuel del Campo
en: Evangelización, catequesis, catequistas. Pág. 156.
[38] Cf. DGC 82-83.
[39] Es decir, forman un sintagma; el diccionario de la RAE la define como
“pluralidad de seres o cosas que forman un conjunto, material o mentalmente
considerado”.
[40] “El catecumenado es parte de un sacramento; no instrucción
preliminar, sino parte constitutiva del sacramento mismo. Además, el
sacramento no es la simple realización del acto litúrgico, sino
un proceso, un largo camino, que exige la contribución y el esfuerzo
de todas las facultades del hombre, entendimiento, voluntad, corazón.
También aquí ha tenido la disyunción funestas consecuencias;
ha desembocado en la ritualización del sacramento y en el adoctrinamiento
de la palabra y, por tanto, ha encubierto aquella unidad que constituye uno
de los datos esenciales de lo cristiano”. RATZINGER J. Op. Cit.
[41] Hablamos de camino litúrgico y catequístico, no hablamos
de “curso”, ni de “año de catequesis”, ni de
“clase de catequesis”, terminología que puede –y
de hecho hace- desnaturalizar, o al menos distorsionar el proceso catequístico.
El proceso de iniciación cristiana, está marcado por el ritmo
gradual de la maduración de la fe y vida cristiana, en una comunidad
que acompaña y celebra en espíritu de comunión fraterna.
[42] AG 14.
[43] DA 294.
[44] DA 370.
[45] DGC 90.
[46] DA 549. Cf. 289-293.
[47] DA 366.
[48] RICA: Notas preliminares, 4-67.
[49] Cf. DGC 88-89.
[50] Cf. DA 288.
[51] RICA: Notas preliminares, 4-67. Ver también: DGC 88-90.
[52] RICA, 10. Evangelización y precatecumenado: RICA, 9-13.
[53] RICA, 19.
[54] RICA 21.
[55] RICA 37.
[56] Cf. NMI 43.
[57] DA 291. El resaltado es nuestro.
[58] Cf. DGC 62.
[59] DGC 89; Cf. 85-88. CEC 13-17.
[60] Cf. AG 14.
[61] Cf. DGC 172-176; CT 43.
[62] 1ª Jn 4, 19.
[63] DV 2.
[64] Jn 6, 65.
[65] Cf. DA 28 y 131.
[66] Cf. DGC 220; 254.
[67] CT 16.
[68] AG 14
[69] Cf. CT 24.
[70] Cf. DGC 222-231.
[71] CEC 1229. Los resaltados son nuestros.
[72] DA 291.
[73] DGC 79.
[74] Cf. CEC 1308.
[75] DA 292: “Como rasgos del discípulo, al que apunta la iniciación
cristiana destacamos: que tenga como centro la persona de Jesucristo, nuestro
Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda madurez humana y
cristiana; que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra,
practique la confesión frecuente y participe de la Eucaristía;
que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social, sea solidario
en el amor y fervoroso misionero”.
[76] RICA, Notas Preliminares 34.
[77] Cf. SC 71.
[78] Cf. CEC 1285.
[79] Cf. LG 11.
[80] El Catecismo de la Iglesia Católica nos ilumina al respecto: “Mediante
los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación
y la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda la vida cristiana.
La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como
don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen,
el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos
en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y
finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida
eterna, y así, por medio de estos sacramentos de la iniciación
cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida
divina y avanzan hacia la perfección de la caridad” (1212).
[81] Cf. JEP 51-52. Recomendamos vivamente retomar todo lo que ya se había
dicho sobre esto en “Juntos para una Evangelización Permanente”
(cf. Cap. IIº, 50-66): descripción del ICP, el adulto como meta
del ICP; las orientaciones pastorales concretas, y los compromisos y esperanzas
que esto implica.
[82] Cf. DA 307-313. Varios documentos insisten en la oportunidad de la creación
de estas pequeñas comunidades: ChL 26.29; SD 61-65; DP 629. 638-643;
EA 41; etc.
[83] CEC 1074.
[84] Cf. Mt 7, 24-27.
[85] Cf. LG 34-36.
[86] DGC 254.
[87] Cf. CT 68.
[88] ChL 26.
[89] Cf. DA 293-294. PG, 62. 67. 144.
[90] “Dimensión religiosa de la educación en la escuela
católica”, Congregación para la Educación Católica,
1988. Nº 68.
[91] Cf. Dimensión religiosa de la educación en la Escuela Católica,
31: 1 c. Congregación para la Escuela Católica.
[92] La parroquia es el lugar privilegiado para la iniciación cristiana,
pero es una realidad que en muchos lugares del país, la misma se desarrolla
en las comunidades educativas. No es fácil crear en una escuela el
ambiente comunitario necesario, los espacios celebrativos, dar lugar a la
participación de la comunidad en el proceso de iniciación.
[93] Directorio para la piedad popular y la Liturgia, 64. Sda. Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
[94] Cf. DA 300.
[95] NMI 30-31. “En realidad, poner la programación pastoral
bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias.
Significa expresar la convicción de que, si el bautismo es una verdadera
entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo
y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido
contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista
y una religiosidad superficial…”
[96] Cf. Mt. 28, 19; Cf. Mc. 16, 15-16.
[97] DGC 172-176.
[98] CT, 43.
[99] DGC 180.
[100] DGC 181-185.
[101] DGC 234.
[102] Cf. JEP 96.
[103] Cf. JEP 97; DGC 222-225. 228-229.
[104] Cf. NMI 43.
[105] Lc. 24, 13-32.
[106] Mt 28, 20.