Las
Acacias s/n. 5182 - Los Cocos.

Carpa
de Oración de Pentecostés
El pasado sábado 22 de mayo se realizó
en nuestro Monasterio la tradicional Carpa de Oración de Pentecostés.
Una vez más nos unimos en la súplica confiada a nuestro
Abba, pidiéndole que infunda en nuestros corazones el Espíritu
de su Hijo, para que podamos vivir la plegaria filial que nos habita.
Durante la oración a través de cantos, meditaciones y de
un esquema, hemos mendigado el Don del Espíritu
Santo, para que sea él quien nos conduzca al Corazón del
Padre, y nos haga vivir en el amor de hijos y hermanos, especialmente
en este tiempo en que celebramos el Bicentenario de nuestra patria.
Pedimos a nuestro Abba, que derrame la luz de su Espíritu Santo
sobre nuestros gobernantes y sobre todo el pueblo argentino, para que
movidos por la pasión por la verdad y por el compromiso por el
bien común, construyamos una patria donde reine el amor y la paz.
Damos gracias a nuestro Abba, por esta Carpa de Oración y compartimos
algunos momentos de la misma.
Obispado de Cruz del Eje: España 421. 5280-Cruz del Eje, Córdoba, Argentina. Secretaría: Lunes a Viernes de 9 a 12 hs. Tel y Fax.: (54)3549-422435. Mail: obispado_cde@yahoo.com.ar
Homilía de Mons. Santiago Olivera en la Santa Misa.
A la fiesta que supone celebrar juntos la Asunción de la Virgen,
sumamos el celebrar la relación personal, la entrega a Dios de estas
tres hermanas nuestras. Sin duda, todo lo que vivamos, nos hablará
de algo que nos trasciende a todos y donde toda palabra humana queda de más.
Para descubrir el paso de Dios en esta tarde, nos debemos situar en esta relación
íntima, personal, misteriosa que a todos nos mueve a renovarnos en
la fe.
A esta fiesta agregamos la presencia de Monseñor Colomé, el
Obispo emérito, que tuvo tanto que ver con la Madre Hilda para que
el Monasterio de Abba Padre, sea una realidad en la Iglesia. También
de sacerdotes amigos de las hermanas, familiares y religiosas.
Todos tenemos la gracia y la posibilidad de reflexionar en primer lugar, sobre
esta fiesta de la Virgen, que estamos celebrando. Pareciera del sentido común
saber que la Virgen en cuerpo y alma está en el cielo, que su corazón
de Madre está latiendo junto al Padre y sigue intercediendo por nosotros
porque es nuestra Madre, sin embargo, es un Misterio de nuestra fe, un Dogma
de nuestra fe. La Virgen es como un signo y anticipo de lo que nosotros un
día llegaremos a ser.
Decía al principio que parece lógico, parece natural para un
creyente, parece del sentido común, que el cuerpo de esa Mujer, la
llena de Gracia, la Inmaculada, la que no tuvo pecado y la que llevó
en su seno al Hijo de Dios, no sufra la corrupción del sepulcro sino
que esté por los méritos de su Hijo Jesús, gozando ya
de aquello que nosotros aspiramos como peregrinos.
La Virgen María. La que ha sido la mujer del “Hágase”,
la mujer del “Sí” generoso, hoy tiene mucho que decirnos
a nosotros también.
Yo pensaba en estos días en esta Celebración. Estuve rezando
y reflexionando: María fue la mujer que frente al proyecto de Dios
en su vida, entendió, captó, comprendió y descubrió
el Plan Redentor.
Habiendo sido una mujer que dialogó, frente a este proyecto de Dios
primero dijo con asombro: “¿Cómo puede ser esto si yo
no conozco varón?”. Al comprender su lugar en este Plan, al vislumbrar
el poder de Dios, al entender que el Espíritu de Dios descendería
sobre ella, supo decir: “Hágase en mí según tu
Palabra”.
Para ella ya no contaba otro plan. Ya no contaban esas ilusiones femeninas,
seguramente, de formar una familia con José… Y dijo: “Hágase
en mí según tu Palabra”. Un Sí para el futuro.
Un Sí que, quizás, no sabía lo que significaba…
Pero María era por excelencia la mujer de la fe: La mujer que confió
en la presencia de Dios. La mujer que trataba en la oración con Dios,
que experimentaba saberse querida e hija de este Dios que la llamaba a colaborar
en el Plan Redentor.
María fue la mujer que nos marcó el camino a todos aquellos,
a todos nosotros, que queremos decirle Sí a Dios. Y también
hoy, como siempre, pero más que nunca, la figura de la Virgen cobra
un lugar fundamental en los hombres de nuestro tiempo. Porque vamos siendo
testigos y vamos descubriendo, que -no así en algunos, no así
en pequeños restos de hombres y mujeres de fe que optan por Dios- la
cultura, el mundo, la sociedad, nuestra Patria, nuestros dirigentes, nuestros
políticos, van actuando, van obrando, como sacando a Dios del proyecto
que tiene para la vida de los hombres. Y somos testigos y fuimos testigos,
muchas veces, de que a Dios se lo quiere como separar de la vida cotidiana.
Como que Dios no tiene nada que decir al hombre de hoy. Y se repite y se actualiza
el pecado primero de Adán y Eva cuando dijeron “¿Quién
es Dios para decir que de esto, del fruto prohibido, debemos comer o no?”
Y hacen su camino.
Y la Virgen es la mujer que nos habla de Dios. La Virgen es la mujer que nos
habla de que es posible embarcar toda la vida frente al proyecto de Dios,
porque Dios existe, porque Dios está, porque Dios tiene caminos que
al hombre lo conducen al verdadero gozo y a la verdadera felicidad. Por otros
caminos el hombre no alcanza de verdad la felicidad y esto lo sabemos porque
el Evangelio nos lo dice muchas veces. Mañana mismo la lectura que
corresponde al día de la Asunción- acabamos de leer las vísperas
de la Asunción, la misa de la vigilia- nos habla de: “¡Feliz
aquellos que escuchan la Palabra y la practican!” Cuando la Virgen parte
sin demora a Judá y va al encuentro de Isabel, Isabel le dice, entre
otras cosas: “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá
la Palabra de Dios en ti, feliz de ti porque se cumplirá lo que de
ti se ha dicho.” ¡Qué alegría que podamos descubrir
en la presencia de la Virgen a la mujer que ha sido feliz porque creyó!
Un querer, que es no sólo expresar con los labios la doctrina cristiana,
sino vivir de tal manera y encarnar la vida de tal manera, que, nuestra vida,
sea siempre evangélica. Que nuestra vida siempre sea respuesta a la
fe que profesamos. Y la fe nos habla de amar a Dios en primer lugar y sobre
todas las cosas.
Pero el mundo, nosotros criaturas frágiles y débiles, no amamos
siempre a Dios sobre todas las cosas y en la cultura que vivimos descubrimos
muchas veces que esta opción total de Dios, a todos nos sacude, nos
emociona, porque hay algo que nos trasciende. Pero sin embargo, que nos interpela
siempre. Porque Dios se manifiesta en algunas personas y hoy, concretamente
en estas tres hermanas nuestras que nos dicen con sus vidas que Sólo
Dios basta, que nada falta a quien Dios tiene; esto que está innato
en el corazón del hombre, esta búsqueda de traer lo divino a
lo humano, que desde el comienzo de la historia de los hombres se ha oído
en distintas culturas y religiones hoy lo actualizamos con estas hermanas
que quieren ser totalmente de Dios, que descubren lo absoluto y la primacía
de Dios, que nos gritan silenciosamente con sus vidas lo que es Dios y que
por Dios puede dejarse todo. ¡Feliz de ellas por haber creído,
feliz de ellas porque nos dicen con sus vidas que amar a Dios sobre todas
las cosas es posible!
Y siempre la vida consagrada, la vida religiosa, un Don del Padre para la
Iglesia, para nosotros por medio de su Espíritu nos invita a pensar
en la primacía de Dios, nos invita a volver a lo esencial. Somos peregrinos.
Y las hermanas asumiendo la vida consagrada, la vida histórica de Jesús,
que ha sido pobre, casto y obediente, nos hablan y nos invitan a vivir en
lo esencial. Nada falta para quien a Dios tiene. ¡Qué verdad!
Y sin embargo, nosotros frágiles muchas veces, vamos cargando otras
cosas, buscando otras cosas.
No es menos cierto, que aquí habita la opción por Dios y una
respuesta generosa de quien se siente mirada y llamada, o mirado y llamado
por el Señor para seguirlo. La vocación es respuesta a un llamado
del Señor. Nadie puede arrogarse el seguimiento radical sino es una
certeza de la llamada de Dios.
Las tres hermanas han escuchado, sentido, han experimentado la mirada amorosa
de Jesús que las invita a caminar con él, sabiéndose
hijas y sabiéndose miradas por Dios, para ser en el mundo un signo
de lo absoluto y de la primacía de Dios. Vamos entonces a renovar los
ojos de la fe, vamos a dar gracias al Señor porque nos regala estas
vidas consagradas que nos ayudan a nosotros también en nuestra propia
vocación a poner nuestro corazón, nuestro interior, a renovar
siempre nuestra búsqueda, de cumplir el proyecto de Dios. A liberarnos
de todas aquellas cosas que no son ni sirven para Dios. Pidamos también,
para ellas, la gracia de esta oración creciente que fundamentará
y dará sentido a su vida consagrada. No han venido para vivir sólo
en la Fraternidad, no han venido para ser sólo solitarias o solteronas,
han venido para ser solitarias consagradas, habitadas por el Señor,
con la experiencia de Dios que las tomó, las llamó y se manifiesta
en ese trato de intimidad con él. Cada una en su celda, trabajará,
descansará, dormirá pero fundamentalmente estará siempre
en la compañía de Dios, serán mujeres de oración.
Vamos a pedir la gracia, porque es una gracia que puedan hermanas nuestras
dedicarse a la oración. Así como la vida consagrada es un Don
para la Iglesia, que el Señor nos regala, también para los amigos,
para esta diócesis, sin duda, este Monasterio es un don, un regalo
de Dios para todos los que nos acercamos porque descubrimos los dones que
Dios nos va presentando. ¿Quién de nosotros cuando se acerca
al Monasterio no encuentra rostros felices? En este mundo que a veces está
cargado de tristeza y soledad uno encuentra cuando viene, rostros jóvenes
y felices.
Damos gracias a Dios porque nos hace partícipes y nos hace acercarnos
con absoluto respeto al proyecto de Dios en la vida de cada una. Que a esta
invitación de Jesús a seguirlo en esta Fraternidad, viviendo
bajo la certeza de un Dios que mira amando, se sientan hijas y puedan expresar
en nombre de todos, de verdad: ¡Abba! Con la cercanía de un Padre
bueno e intercediendo por cada uno de nosotros. Vamos a agudizar los ojos,
nuestros ojos, para contemplar esta íntima relación de Jesús
con cada una de las hermanas. Que así sea.
HACIENDO HISTORIA DE AMOR FILIAL…
“Ve a decir a mis hermanos:
<<Subo a mi Padre, el Padre de ustedes>>”
Jn.20, 17
Después de un tiempo de preparativos…llegó el día tan esperado por nuestra comunidad. A penas el sol dejaba entrever sus primeros rayos, habiendo cargado los bolsos y nuestro infaltable equipo de mate, partimos hacia la Terminal de Córdoba...
Así en las Vísperas de fundar nuestro segundo Monasterio, nuestras hermanas Alicia Nazareth María, María Inés en el Corazón del Padre y Sara en la entrañable misericordia del Padre, partieron el 20 de Agosto
para acompañar más de cerca la obra en Kawelluco y para que a través de su presencia orante y fraterna, muchos hermanos puedan encontrarse con el Rostro del Abba y hacer experiencia de la filiación, del amor misericordioso que el Padre tiene por cada uno de sus hijos.
Sabiendo que con este acontecimiento se está escribiendo la historia de nuestra Fundación en Chile, quisimos acompañar, como comunidad, este primer paso de nuestras hermanas.
Unidas a ellas, en su entrega nosotras volvemos a pronunciar nuestro “Sí” y abrimos nuestros corazones a la novedad del Espíritu, para dejarnos conducir en estas tierras chilenas, que nos acogen con su habitual cercanía fraterna.
Con la certeza de que siempre nos acompañan, en nuestro caminar de hijas, nos seguimos confiando a sus oraciones y juntos le pedimos a nuestro Abba su bendición para nuestras hermanas Alicia Nazareth María, María Inés en el Corazón del Padre y Sara en la entrañable misericordia del Padre, para hacer realidad este deseo que el Padre infundió en nuestros corazones.