
Obispo de Cruz del Eje: Mons. Santiago
Olivera
Datos Biográficos:
El 1 de enero de 1982 fue admitido como candidato a las sagradas órdenes por el obispo de Morón, monseñor Justo Oscar Laguna. Con la autorización especial del entonces obispo auxiliar de Santiago de Compostela (España), monseñor Antonio Rouco Varela, hoy cardenal-arzobispo de Madrid, la ceremonia se realizó en el primer día del Año Santo Compostelano, en el santuario donde se veneran los restos del Apóstol Santiago.
Fue ordenado sacerdote por monseñor Laguna en la catedral de la Inmaculada Concepción del Buen Viaje, de Morón, el 18 de setiembre de 1984.
En 1986 obtuvo el título de Bachiller en Teología en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires”. Tras su ordenación fue designado párroco de Madre de Dios, en Villa Tesei, oficio que desempeñó de 1985 a 1996. Fue Delegado Episcopal para las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas (1985); Director Espiritual del Seminario Diocesano, de 1986 a 2004; Delegado Episcopal de Liturgia (1986-1989); y miembro del Consejo Presbiteral de 1989 hasta la actualidad. El 22 de febrero de 1988 fue designado Canciller del obispado de Morón; desde 1989 es miembro del Colegio de Consultores y del Consejo de Asuntos Económicos del Obispado; en 1990 fue nombrado Pro-vicario general del obispado de Morón, y desde 1994 hasta hoy es Vicario General. En 1991 monseñor Laguna lo designó Delegado suyo para la animación del diaconado permanente en la diócesis, y director del Instituto de Formación Diaconal San Lorenzo, cargos en los que fue confirmado por el actual obispo de Morón, monseñor Guillermo Eichhorn. Desde abril de 2005 es Asesor del Consejo Diocesano de la Acción Católica Argentina. El 25 de enero de 2006 fue nombrado miembro del Equipo de Formación del Seminario Diocesano San José, y en marzo de 2008 Director Espiritual del Seminario. Es además director del periódico diocesano “Seguimos Caminando”.
Homilias:

Explicación del Escudo Episcopal de Mons. Santiago
Olivera:
El Obispo asume como blasón episcopal el escudo de su familia como
un signo de acción de gracias por el don de la fe recibido de sus mayores
y reconoce como providencial que el olivo caracterice a la vida de la tierra
a la que es enviado.
La figura en jefe es un ramo de olivo verde. Simbolo de Cristo, Sacerdote
y Principe de la Paz. El Obispo en nombre del Señor, llevará
el olivo de la paz de Cristo a todos los hombres y santificará al pueblo
de Dios que se le ha encomendado.
El fondo color plata, evoca a María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia,
“estrella de la evangelización renovada, primera discípula
y gran misionera de nuestros pueblos”, en cuyas manos maternales el
Obispo pone su vida y ministerio.
La Cruz, que timbra el escudo, evoca el anonadamiento de Cristo que por amor
se hizo hombre, tomando la condición de siervo hasta llegar, con la
ofrenda de su vida, al sacrificio que nos conduce a la salvación. El
Obispo expresa que desea “tener los mismos sentimientos que Cristo”
(Fil. 2,5) en su lema episcopal: “los amó hasta el extremo”.
Escudo Episcopal:
Es una gracia muy
especial tener en esta tierra, en nuestra tierra, la figura del Padre Brochero.
Ciertamente impresiona pensar que el 26 de enero se cumplirán 96 años
de su muerte y no va pasando desapercibida esa fecha. Año a año
se va renovando, cada vez más gente conoce al Padre Brochero y su obra;
también va suscitando en nosotros, una mayor relación, una mirada
de profundización en la vida de este sacerdote que nos habla de la
fuerza del Espíritu, de la gracia de entrega…
Pensaba en este día compartir una breve reflexión que hizo un
importante historiador, Félix Luna, que murió el año
pasado y que a pedido de Evangelina Del Forno le hizo el prólogo de
su libro:” Pregonero del Amor”
Dice:
”El Cura Brochero es un personaje único, realmente único”, dice Félix Luna:”Curas hubo y hay muchos, curas agauchados también, hombres de Dios abundan, por suerte. Pero la extraña mixtura de un sacerdote que sentía profundamente su ministerio y al mismo tiempo tuviera una conexión tan fácil y tan natural con la gente, un cura que podía tratar con la misma familiaridad a los paisanos de Traslasierra y a los poderosos de la capital, de la provincia o de la nación, que se preocupara por la salud espiritual de sus feligreses pero también por sus necesidades materiales ,esto se da muy pocas veces y creo que la personalidad de José Gabriel Brochero es la única que reúne en nuestro país todas estas líneas”.
Nosotros sabemos
que hay más curas que como Brochero intentan, intentamos, ser fieles
a nuestro ministerio, a nuestra vocación. Pero ¡Qué lindo
que un historiador haya captado de este cura gaucho, de este hombre de Dios,
la clave de su vida: su pasión por Jesucristo y su entrega a los hombres.
No sólo anunció el Evangelio, sino que se comprometió
en el progreso de su pueblo promoviendo humanamente a esos hombres y mujeres,
haciéndolos tomar conciencia de su dignidad.
Y esto sin duda, es un compromiso de todos nosotros. No sólo nos toca
a los sacerdotes, es de todos. De todos los que participamos de esta semana
brocheriana, en el marco de lo que el plan de pastoral de nuestra diócesis
ha querido resaltar. Ya que estamos en el año del Bicentenario, reflexionamos
a la luz de las palabras que la madre de Brochero le dijo al entrar al seminario:¡”Hijo,
Dios cuenta contigo para construir la Patria, no lo defraudes”!
Nosotros hemos querido tomar estas palabras como lema de los meses de enero
y febrero, para invitarlos a todos en este año, a descubrir que somos
ciudadanos y no meros habitantes del suelo argentino y que Dios cuenta con
nosotros, con cada uno de nosotros, para construir la Patria.
Una Patria que queremos más fraterna, más justa, más
solidaria.
Una Patria que tenemos que construir todos, a veces pensamos que la construyen
los que nos gobiernan, pero a la Patria la vamos construyendo desde abajo,
entre todos, sabiendo que habrá una Patria nueva, en la medida en que
haya hombres y mujeres nuevos.
Tenemos la alegría y la gracia de que una vez más el Padre Merediz, va a predicar esta novena en torno a la figura sacerdotal de Brochero. Nos ayudará también, a comprometernos como ciudadanos, para hacer una Patria más inclusiva, una Patria más fraterna y en definitiva también, una Patria más Cristiana. Esto es lo que renovaremos en este Bicentenario que la Iglesia nos invita a celebrar.
La liturgia de este
domingo nos presenta una nueva manifestación de Jesucristo, una manifestación
a todo el pueblo, del “Dios con Nosotros”: a todas las personas,
a todas las culturas. El domingo pasado en el Bautismo del Señor veíamos
a este hombre, Jesús, también verdadero Dios, el predilecto
Hijo amado del Padre. Y hoy también lo vemos junto a María.
Por la acción de la Virgen, por la presencia de María, Jesús
adelanta “Su hora”, con este acto casi innecesario, según
algunos autores espirituales, de convertir el agua en vino. De este vino que
les faltaba a los novios. En esta primera manifestación de Jesús
no podemos dejar de poner nuestra mirada en María, para descubrir que
ella, nuestra Madre, sigue con esta misma mirada atenta a las necesidades
de sus hijos.
Ese corazón de Madre, sensible, que descubrió que a estos novios
les faltaba vino y confiando en el poder de su Hijo, les evitó un mal
momento logrando que Él cumpliera con lo que le pedía. Y frente
a esta pregunta llamativa de Jesús: “¿Que nos da a ti
y a Mí? No ha llegado mi hora”, confía y envía
a los sirvientes a hacer lo que Jesús les dice. También María
sigue mirando nuestras necesidades. Nosotros tenemos que dejarnos mirar por
María y descubrir con su mirada nuestro ser. Qué nos hacen falta,
qué carencias tenemos todavía, qué necesidades profundas.
Y María nos dice: “Hagan lo que Jesús les diga”.
Cada uno de nosotros podemos descubrir nuestras pobrezas y necesidades mirando
a Jesús y haciendo lo que Él nos pide y nos dice, podremos transformarlas
en cosas buenas. En nuestras relaciones familiares también. A veces
en nuestros matrimonios falta el diálogo y María nos está
diciendo por aquello que falta:”Hagan lo que Jesús les dice”.
En nuestras relaciones personales, en nuestros trabajos, en nuestro compromiso
por construir una sociedad mejor, en nuestro compromiso político, social,
miremos qué carencias tenemos. Y miremos a Jesús. Y hagamos
lo que El nos diga.